| En esta sección aparecen desarrolladas distintas reflexiones, elaboradas por un equipo de profesionales, que servirán de ayuda a los adultos interesados en cuestiones como qué libros pueden leer los niños y las niñas según su edad, cómo animar un cuento, libro y televisión, lecturas compartidas y muchas otras. |
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Introducción ¿Qué tipo de libros debo ofrecer a mi hijo en cada edad? ¿Qué temas pueden interesarle? ¿Cuáles han de ser las características de los materiales de lectura que ponga en sus manos? Según la edad que tiene mi hijo, ¿hasta dónde tiene desarrolladas sus capacidades lingüísticas e intelectuales? Estas son algunas de las preguntas que, más tarde o más temprano y con mayor o menor grado de preocupación, se formulan la mayoría de los padres a lo largo del crecimiento de sus hijos. Para responderlas hemos elaborado este estudio en el que iremos estableciendo para cada etapa cronológica los rasgos psicológicos, el tipo de lecturas apropiadas, sus temáticas y qué aspectos formales o de contenido habremos de valorar a la hora de facilitarles materiales de lectura. No obstante, advertimos de que se trata de ideas generales, que en absoluto deben aplicarse como recetas ni utilizarse como un corsé universal para aplicar sobre todos y cada uno de nuestros hijos. Recomendamos, muy al contrario, que sometamos nuestra reflexión al tamiz del conocimiento profundo e intransferible que como padres tenemos de nuestro hijo y aderecemos el cóctel con la fragancia del diálogo, la intuición y el sentido común.
Etapa marcada por un desarrollo mental extraordinario. El niño conquista, a través de las percepciones y los movimientos, todo el universo práctico que le rodea. Lo refiere todo a sí mismo, a su propio cuerpo. A medida que se inician el lenguaje y el pensamiento se sitúa en un universo más amplio y exterior a él.
Son los adultos los que leen o narran al niño. Éste inicia una elementalísima lectura de imágenes.
Vida diaria con sus rituales sencillos: comida, el baño, los juegos, el parque… Tradición oral: poemas, retahílas, nanas, cancioncillas, juegos acumulativos para repetir y gozar con el niño de la magia de la palabra.
Comienza a construir los símbolos. Tiende a la interpretación «mágica» de la realidad. Confunde lo que es de sí mismo y lo que forma parte del mundo que le rodea. Construye sus conceptos a través de la manipulación directa. Distingue la palabra del objeto que representa. Es egocéntrico en su interpretación de la realidad. Aumenta su vocabulario a gran velocidad.
Prelectura: Comienza a desarrollar su lenguaje oral. Distingue el ritmo y el sonido de las palabras y percibe la relación entre éstas y las imágenes. Comienza a desarrollar su sentido de la narración.
Cuentos de hadas, de animales con comportamientos similares a los de un niño. Folclore y cuentos tradicionales: nanas, retahílas, canciones, trabalenguas… Libros de imágenes con historia (álbumes). Personificación de los elementos de la naturaleza.
Pensamiento intuitivo. Experimenta terrores personales que son normales. Desarrolla el concepto de identidad individual y su autoestima. Tiene una rica imaginación que le ayuda a entender lo real. Ha desarrollado el concepto básico de la narración, una percepción selectiva y la observación. Tiene un concepto de moralidad absoluta.
Iniciación a la técnica lectora en la escuela. Usa textos cortos. Hace la lectura silábica y por palabras (según el método con el que se le ha enseñado a leer). Recurre constantemente a la ilustración para verificar su comprensión de lo leído.
Cuentos de hadas, clásicos europeos, fantasía e historias de animales domésticos que hablan, cuentos maravillosos, máquinas personificadas, ambiente familiar (hogar, escuela, amigos, juego...) y humor.
Todo tipo de reflexiones que el niño no suele entender. Crueldad de hechos o personajes. El terror que amedrenta a los niños. El sentimentalismo: el niño es sensible, no sentimental. La metáfora pura: el niño puede comprender una comparación, pero no una metáfora.
Reconoce la existencia de opiniones distintas a la suya. Desarrolla preferencia por los temas realistas y pide que se le expliquen los reglamentos de las cosas. Reconoce la posibilidad de interpretar palabras y hechos de diversas maneras. Recuerda y organiza los conocimientos, separando pensamiento de percepción y acción.
Desarrolla una mayor autonomía en la lectura. Lectura comprensiva de textos cortos y sencillos de ficción, incluso sin ilustraciones.
Cuentos fantasiosos. Historias de animales humanizados. Inventos fantásticos. Objetos animados. Humor absurdo, disparates. Terror. Ciencia ficción. Folclore y cuentos tradicionales clásicos. Mitos. Aventuras del ambiente más cercano: familia, escuela, amigos… Cuentos sobre sus propios problemas. Cuentos modernos. Novelas cortas.
Al mejorar la competencia lectora, le interesan los personajes con problemas como los suyos y las aventuras de pandillas en las que se proyecta, aunque también busca misterio, cuentos fantásticos y clásicos, cómics, biografías, deportes y juegos, pueblos lejanos, humor, animales reales o fantásticos, inventos, ciencia y experimentos para niños, incluso poesía que le hable de sentimientos (por ejemplo, de ese amor que comienza a sentir). Acción, ambiente y caracteres vigorosos y dinámicos. No deben dejar en el niño dudas irresolubles. Frases no demasiado largas ni complejas. Se inicia el desarrollo de la conciencia social por lo que busca argumentos que contengan problemas humanos –sociales o políticos– y alterna las lecturas intimistas con la acción y la aventura. Se perfilan los itinerarios individuales de lectura que el joven jalona de aquellos libros que le permitan reafirmar su personalidad. El adolescente necesita modelos, héroes con los que se pueda identificar, espejos en los que reflejarse, ídolos con los que identificarse y que le ayuden a desinhibirse, a descargar adrenalina y en quien poder verter sus confidencias más íntimas. En la narrativa buscará soluciones a sus conflictos y respuestas a sus anhelos e interrogantes. Los temas problemáticos –drogas, paro, delincuencia, sexo– son un tabú para su entorno familiar y por eso bucea en busca de novelas que traten estas situaciones desde perspectivas realistas y asépticas.
Libros con algunas ilustraciones, siempre adecuadas al contenido textual. Tipografía similar a la de los libros de adultos. Resumen del contenido en la contracubierta. Libros en formato electrónico (enciclopedias, diccionarios, monografías sobre aficiones…).
Kepa Osoro |